martes, 15 de diciembre de 2009

REFLEXIONES ACERCA DE UN AÑO DE LOCURA Y ABYECCIÓN —UNO MAS Y VAN...—

Toda escritura de un epílogo significa una tarea trabajosa. Es una realidad redundante, innegable. Tratándose de la síntesis final de algo, el triunfo de esta empresa demanda factores claves que no pueden prescindirse durante la faena: recopilación, análisis y, finalmente, elaboración. Tres pilares fundamentales de los cuales este texto carecerá rotundamente, por el simple y cruel hecho de que, en todo de lo que va del año, ni siquiera escribí dos renglones de un posible prólogo.
Pero, de todas formas —y esto ha quedado demostrado en varias ocasiones—, uno puede llegar a ser bastante certero aun pese a la poca preparación de lo que intenta llevar a cabo, sin necesariamente dejar plasmado algo aborrecible en el intento. Quizás esta sea la excepción, pero que va, sin lugar a dudas es la manera más divertida hacerlo.
Esta reflexión —si puede llamarse así— de este año que pasó no escapa de estos canones de improvisación, pero me parece una buena forma de cerrar esta temporada literaria de La Casita del Vasco —sin pena ni gloria— debido a que, mezlca de mi embotamiento cerebral, mi pereza y mi éxtasis respecto a las cosas que están por venir, no volveré a postear por un lapso de tiempo indeterminado.
En principio, es bueno aclarar que me cuesta mucho sufrir la densidad temporal igual que el resto de la gente: aunque no estoy totalmente excento de la sensación de que los años se me pasan cada vez más rápido —muy en parte por la noción innata y colectiva del tiempo—, cómo si realmente el reloj hubiera adoptado una actitud totalmente sádica hacia nuestros cronómetros biológicos, de todas maneras me cuesta mucho hacer retrospección y pensar y añorar minuciosamente todas las cosas que hice o dejé de hacer, tomando una medida concreta de la miríada de nimiedades y epopeyas que realicé a lo largo de 21 años. Supongo que la intoxicación sistemática de mi cerebro exacerba este proceso, encarnando el papel principal de gran contribuyente de mi indiferencia respecto al paso de los años. Dentro de lo que uno puede, es bueno desligarse un poco del eterno girar las manecillas, al menos si uno pretende no volverse un esclavo de esta mentira flagrante que configuran los calendarios.
Justo ahora, que recién me pongo a enumerar mis acciones pasadas —las de 2009, claro— con un poco más de énfasis, me doy cuenta de la cantidad de planes inverosímiles que entablé y nunca concreté, solo en algunos casos y secundado por mis adláteres en otros: venta de cocaína; viajes apócrifos a lugares apócrifos sin ningún dinero; latrocinios rocambolescos e irrealizables bajo todo punto de vista; compra de ropa en ferias de segunda para su posterior reventa en ferias de cuarta; la presunta creación de una revista de la que no queda más que el recuerdo de una larga conversa de borrachos; y muchas otras falacias que en este preciso momento no recuerdo, pero eran sin dudas igual o mucho más estrafalarias que las anteriores. Son todos planes que, inexorablemente, terminaré llevándo a cabo en uno u otro plano, para aquel que entienda la ecuanimidad que convive entre lo real y lo ficcticio; en este caso particular, la que habita en las letras.
También podría enumerar una cantidad de cosas grandiosas y pésimas que me han ocurrido, pero eso prefiero reservármelo para mi burbuja privada. Si es que alguien lee esto, no creo que le interese demasiado, y tampoco es mi intención distraer con anécdotas personales que no harían más que alejar del relato. Aunque sí me gustaría aclarar que me siento un agradecido por haber participado, directa o indirectamente en ellas.
Entonces, ¿Por qué estoy escribiendo esto? ¿Cuál es la finalidad de un texto qué intenta aglutinar todo lo acaecido en casi 365 días y retratarlo lo más fielmente posible a la realidad
—la misma que cualquier buena ficción— en la cual ocurrió? ¿Será que acaso me estaré volviendo un nostálgico? ¿Será que, finalmente, como dice el tango, toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado? ¿Me habrá ganado la añoranza finalmente? No, nada de eso. Es que, de manera casi automática, vaya uno a saber porque, cada vez que un nuevo año asoma la trompa, la gente entra en una especie de vorágine digna de una obra de teatro ensamblada por los internos del neuropsiquiátrico Borda que merece la pena ser retratada. Es entonces cuando se comienza con la recopilación de datos —superfluos o significantes— que configuraron nuestro año anterior y que nos da cuenta de lo efímero de su duración.
En el inconciente colectivo se instaura muy profunda la sensación de que una nueva oportunidad de comenzar es posible: no importa si se trató de un año estupendo, mediocre o espantoso; TODOS quieren que llegue el año nuevo. Se trata de una manera eficaz de parar la pelota, baldear el cerebro un poco e ilusionarse con que todo lo que viene a continuación será mejor —o no podrá ser peor—, pese a que nuestra coyuntura no sea demasiado promisoria o esperanzadora como para poder entusiasmarnos con nada. Claro está, que para algunos locos de mi estirpe, el año nuevo no es mucho más que unas cuantas botellas de licores, asado y fiesta. No puedo negar que se trata de un momento realmente agradable: para alguien que se crió en una cultura sumida en la degeneración y que aprendió a no sentirse un advenedizo en ella —al punto de sentirse cómodo en la misma—, mandar todo al carajo, y encima con un poder de justificación consensuado, es una sensación increíblemente espectacular.
Pero tampoco hay que brindar de más; no es bueno volverse un incauto con tanto tránsfuga suelto merodeando nuestro banquete.
El 2009 fue otro año bastante convulsionado de esta primera década del tercer milenio que nos toca atravesar: casi —casi, uf— presenciamos la caída de un sistema tan nefasto que termina por asfixiarse a sí mismo, cuando, como era de esperarse, los gurús de la propiedad privada salieron al rescate como saetas: no van a dejar que el nene se les caiga de los brazos tan fácilmente. Por supuesto, fiel a como nos tiene acostumbrados esta doctrina, esta auto-constricción tiene como saldo a miles de personas en una situación bastante comprometida respecto a lo que vendrá de cara al futuro.
Fuimos testigos de la ascensión del primer afro-americano electo presidente en la potencia del norte, el mismo que , paradójicamente, luego de ser galardonado con el Premio Nóbel de la Paz dispuso un nuevo envio de tropas del ejército para establecerse en sus bases en Afganistán.
Nos encontramos frente al punto límite en lo que respecta a la condición climática del planeta y parece imperativa la necesidad de empezar a tomar medidas drásticas que, de no ser tenidas en cuenta, podrían desembocar en calamidades irreversibles para nuestra vida terreste.
En nuesto país pudimos observar, por primera vez en la historia, la mayor proliferación de partidos en contra del oficialismo gracias a la indulgencia de nuestra presidenta, que empezó a gestarse a mediados del año pasado, con un episodio que duró tres meses, en el cual unos tipitos cortaban la ruta, apeándose de sus camionetas de 80 mil dólares, quejándose de que no podían vivir con lo poco que ganaban, derramando leche en la ruta, mientras los pibes villeros no tienen ni pa´ comer un sopita.
De ese riñon de la oposición, supimos del antaño ignoto empresario De Narváez, que gracias a su mediática campaña panfletaria y su elección en los comicios de mitad de año, hoy ocupa un lugar en la Legislatura de la Nación, listo para intentar privatizar hasta las medialunas junto a su querido secuaz M&M.
Por supuesto, en este final del tramo, no podemos pasar por alto la aparición del heredero de una de las empresas de chocolate más importantes de la Argentina dispuesto a patinarse un par de millones con tal de que cada vez que prendemos la caja boba no podamos evitar encontrarnos con su imponente figura intervenida quirúrgicamente no menos de un centenar de veces.
Claro, para el escéptico de turno que venía leyendo hasta aquí y se relamía con gusto, también hay buenas: la ley de medios, que posibilita, de alguna manera, la multiplicación de canales para muchas bocas que tienen algo para decir.
No. Es una época para tener la guardia arriba. El equilibrio de nuestra vida —en todo caso, el de nuestra salud mental; de todas maneras, ambas me resultan analogías compatibles—, pende de una cuerda muy angosta, y nosotros somos los funambulistas borrachos que intentamos atravesarla sobre una pileta infestada de cocodrilos en su interior.
En este momento de cambio, en este llamado preciso a la reflexión, es el tiempo exacto en el cual debemos estar más juntos que nunca. Tenemos un poder hermoso y es preciso que no lo desperdiciemos; porque no se trata del poder de una corporación, ni el poder que se retroalimenta a sí mismo de la individualidad que pregona el statu quo que nos administra como si fuéramos carne de cañón. No, no es eso. Es el poder del cambio, el halo de nuestra propia energía. La oportunidad que tenemos, de ahora en más, tomando cada nuevo día como una nueva vida, de lograr que esto cambie de una vez por todas.
Así que tenemos dos caminos: el correcto, que nos llama a armonizarnos con la naturaleza, a reconceptualizar nuestra cultura y escuchar la palabra de los sabios de antaño, que en tan perfecto equilibrio vivían con todo lo que los rodeaba; o el equivocado: empecinarnos en seguir tras nuestros triunfos individuales de subsistencia, destruyéndonos entre nosotros mismos, haciendo elucubraciones de lo que pudo haber sido y nunca ocurrió; esperando, hamacándonos en la misma vida sosa y anodina a que todo explote sin siquiera darnos cuenta que tenemos otra oportunidad. Sí, una más.
Amigos, el enemigo está ahí, en frente de nuestras narices. Depende de nosotros, solamente de nosotros, el aceptar que podemos hacer algo con lo que se nos presenta, o ser parte de otra generación perdida para seguir brindando para que lleguen los años nuevos para ver que migaja del pan dulce nos toca esta vez.
Así que no lo sé. Hay probabilidades de que la cosa cambie… o no. Quizás el mundo explote al diablo, como dicen las profecías, quien sabe…o quizás me vuelva totalmente loco, que es una posibilidad que se me baraja como bastante interesante.
No lo sé, realmente no lo sé…es esa incertidumbre la que me inquieta y me mantiene vivo. La misma que a ustedes. ¡Buen año!

martes, 1 de diciembre de 2009

Poesía para Buenos Aires

Arriba del colectivo
Espío a través de la ventanilla
Bordeando el puente Pueyrredón
Cuando a mi lado
No hay más que ojos cansados
De las 23:30
De la húmeda Bs. As
Me cuestiono
Qué es lo que se mueve
El colectivo o yo
O ambos
¿Estaré acaso en la cápsula del tiempo?
¿O es todo solamente la transitoriedad
De la materia siguiendo su flujo
Como Loco Río de Eternidad?
¿Es qué el camino nos devora
Como Cronos comiéndose a
sus hijos?
Es mi cabeza
Que me pasea por todos lados
¿Qué es lo qué te pasa Bs. As?
¿Qué te agobia tanto?
Solías soñar con los ojos
Abiertos en cada ventana
En cada librería
Bañada de polvo
Ahora te veo apagada como un neón aburrido
Ya no hay más revelaciones que descubrir
Arriba de tus colectivos
De medianoche
Cuando tu brillo es opaco
Como una corona de lata
Y tu panza está atorada
Con folletos innanes
No más revoluciones
En tus tazas de café
Sólo parloteo hueco
Y ademanes huecos
Sobre huecas mesas de algarrobo
Del Amazonas
Ah, ¡qué lástima Bs. As.!
Todavía te extraño
A pesar de nunca
Haberte conocido
Aunque la atemporalidad
De la poesía
Te desnude bajo mi añoranza
En el recuerdo de tu locura
Cuando tus tripas eran
diamantes saltarines
Bailando afiebradas
En la comparsa
más desfachatada de todas
Mientras la nitroglicerina
Se acomodaba en mi biblioteca
Agitada
¡A punto de estallar!
¡Y ahora sos tan cruel!
¿Qué te pasa Bs. As.?
Fito Paéz quiere exorcizarte
Cuando ya no hay más
ningún Yogui de culo flaco
Practicando mantras sensuales
Desnudo en la punta del obelisco
Como un pija gigante en medio
De un mar de colectivos de
Benarés
Yo recorro tus calles y me
Petrifico inconmovible
Cuando veo tu bazar
De oropeles de importación noruegos
Bs. As.
No es culpa tuya
¿Acaso son culpables los dioses del dolor
de la humanidad?
No lo sé
Quizás los profetas lo sean
Tal vez McDonalds
Tenga algo más que ver
En el asunto
Pero tampoco me importa
Starbucks ya abrió su cadena
Sobre tus calles
Va a estar bueno Bs. As.
El culo frío de Disneylandia…
¡Somos la gran esperanza blanca!
No, no te culpo Bs. As.
New York city está muy lejana
De las calles de Lanús
¿Cómo saber quién
sos cuándo Palermo
tiene cuatro
Nombres distintos y
En ninguno tiene reserva
mi olfato Rastreador
de tormentas?
Pero no te guardo rencor
Todavía puedo oler el sabor
De la sangre bullendo
A través de tus baldosas
En los escondrijos
De tus bodegones
De borrachos
Aunque mi olfato
Esté inundado
Con fragancias apagadas
Del riachuelo
Y los oídos no sean
Más que bombas
Que se detonan al otro lado
De teléfonos celulares
Cuando mis palabras
Se encuentran totalmente
Desenchufadas
Bailando en un tambor
Al otro lado del charco
Por eso te canto Bs. As.
Solo quiero verte
Llameando
Como un encendedor inquieto
Pero estás asustada
Sos presa de la historia
Atrapada entre una A y Z
Con un guión-designio
De 1945
Escrito en una base
Norteamericana
Digna de una película
De terror clase B
Es el abecedario del miedo
Hey! Bs. As.
Dejá que bese
Toda tu medrosa herida
Con mi boca aterciopelada
Sé amable y
Correspondé a mis caricias
Con una sonrisa
De tus dientes
De cemento
Y nuevamente un sonido
De tu bandoneón punzante
Todavía arriba
Del colectivo
Vuelvo a pensar
En tus bares
Donde
Me disfrazo de camello
Bebo un trago largo
De arena
Y trabajo de Ari Paluch
En pleno trance místico
8 horas
5600 + aguinaldo
25 días en Punta del Este
Es el fervor
De tu bohemia de pacotilla
Ornamentando los
Pasillos de tus
Facultades
Inundando las oficinas
Mis impostores ojos
de Citroen Almendra
Tuercen mi mirada
Veo tus lindes Bs. As.
La vuelta a los suburbios
Las luces del puente
Adornando como
Una navidad artificial
Cuando el mejor Papá Nóel
es un chino que fue
Galardonado en Suecia
Una navidad bastarda
Auspiciada por Friedman Catering&Co
Con un pesebre electrónico
Al lado del arbolito
Es la fiesta
De los que otean el reloj
Y cuentan los minutos
Para que termine el miércoles
En tus húmedas vísceras
De noviembre
La de los que no tienen ganas de levantarse
Ni saben en que día están parados
Ni que navidad tienen que festejar
Para soñar una nueva vida
Que comienza mañana
Y pasado y pasado…
La de los que brindan de más
En navidad
Y en año nuevo
Y varias fechas más
Inclusive feriados
Brindan por una suntuosa
Estatua de oro rosa
Brillando arriba
de un pedestal de mierda
Yo brindo por vos
Aunque tengo que
Admitirte
Que brindo más
Por mí mismo
Se te mojó la mecha
De los petardos Bs. As.
Y ahora tan solo
Me queda la nostalgia
De no haberte conocido
Y una batería de petardos en la cabeza
Con una chispa prendiéndose
Ávidamente sobre su mecha pirómana.

martes, 24 de noviembre de 2009

La verdad del capitalismo

Y entonces dios pensó prudentemente
Delimitar el mercado
Restringirlo a un puñado de inversores
Con el granero lleno de paja
Y la cuota social del cielo al día
Le contó a Noé
Su empresa
Y mandó el diluvio universal
Cuarenta días y noches después
Noé descendió de su barca
Rascó su barba bajo el sol
Y puso un zoológico
sobre las orillas del Nuevo Mundo.

lunes, 23 de noviembre de 2009

0:38

Meto la mano en mi bolsillo pringoso

Y saco una colmena de versos

Helándose

Secos en la punta de mi nariz

Un boleto golpeado

Grita fiero desde mi galera

De sardonia

Con muecas de ironía

Se baja con

Su ancha boca en grito

Como cuando

Abre el culo la Mulita

Y los muchachos se

Entretienen

Con su talquito Rococó

Del altiplano

El verbo relegado

En la esquina filosa

Se deshace en espasmos

Orgiásticos, pantagruélicos

El sordo lo mira

Le tira una oreja y

Se prende fuego en

La noche ponzoñosa

¡Se agotó mi acopio

De tornillos en la garganta!

¡Una cascada de metal

Endulazando toda mi laringe!

Y mi nariz se congela como el Gobi

En una trémula noche de invierno

Subido a la giba de un dromedario

De nieve

Nuevamente

Corolarios encaramados

En las coronillas de los hombres

Me hacen reír hasta los dientes

Más teatro para la cueva del miedo
Más preámbulo
Para la espera paciente
En la antesala de la eternidad

Ya lo dijo aquél ruso

loco

¡Las tabernas no asustan a nadie, ja!

Es bueno recordar

Que

Con un sonido seco

Se lo hizo saber a todo el planeta

También al eco final de la taberna

Más lúgubre de todas

Tambaleándose

Por lo menos otro millar de

Sucios años nuevos

En mi ilusa galera

De plomo reluciente.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Alfa

—Poesía instantánea—

yo creo que los caballos de fuego se olvidaron sus peines en las madrigueras hoy
yo creo que la magia intrínseca de los caballos de fuego, justifica el olvido
el arcoiris de plata baña todo el resplandor con su corazón adiamantado en concírculos de toda la hermosa revelación
podemos pensar en las estrellas de papel y su desnutrido cabalgar el universo
y las tripas del universo constipadas de tanto eternal dharma, ahhhhhhhh y los cabellos de medusa extendiéndose en todo el risado atarcer
cromado de plomo
o los infinitos soles congelados de miedo a punto de amanecer
bebés mortaja plomo tijeras mesa duro llanto en medio de inmediatos cielos repetición yuxtapuesta de palabras que guían todo aquel esplendor en dos senos de todo el mundo, de todas las madres de todos los colores
romáticos sueños embebidos de furia, rodando por un viejo pueblo, olvidado
ah, ¿y quién manda el viejo cáncer de esa furia roja? ¿Acaso Satán embutido en ese traje a rayas estrellas? Tio Tom apartheid Hitler todos los segregacionistas de los espirítus represores de traje, empleados del patíbulo clink caja, clink caja letargo
furioso el tic tac vestido de luto, la muerte de fiesta
BACANAL, AQUÍ ESTAMOS!




Kropotkina y Daka

Adelante tuyo siempre hay alguien más

Colas. Parece que todo el jodido mundo se hubiera inventado para hacer colas. Colas, colas y más colas. Filas de carne esperando el tubo, esperando a que reviente la cuenta, esperando por las Cornetas de la Salvación. Uno atrás de otro y de otro y de otro. Quizás el propósito mismo de la vida sea alinearse en constanste inmediataz tras algún otro, quizás de eso se trate el asunto. Mirarle el culo al de adelante, darle una palmadita de talquito mentolado. Ahora, uno tiende a preguntarse porque en vez de seguir el formato de la lineaneidad no nos amontonamos de alguna otra forma más divertida —geométricamante hablando claro, aquí somos todos entendidos—. En círculo tal vez, o mejor en rombo, como una cometa de papel sucio.
—Pero las calles son angostas, de ubicarnos así nos llevarían puestos los móviles y ya no tendríamos más filas que hacer, ni una sola. Ni una, ¿lo pueden imaginar? Sería espeluznante, el fin del mundo tal cual lo conocemos. Seguramente el urbanista se había pasado con el Artan —todo un profesional—.
Está bien, pero son 5 horas... 5 horas esperando, de mostrador en mostrador, siempre con alguien adelante alguien atrás... aguardando, aburriéndose, lustrando Tomahawks con la Corteza cerebral, bostezando un halo de miasma, prolongándolo un poco más.
— ¡Hey! ¡Metan un tren en llamas amacándose de trompa adentro del recinto para que pase algo interesante, o al menos se rompa la fila!.
—Puta, yo ese cheque no lo firmo, ¡ya es 421!. Llévense mis piernas, yo espero un rato más... total, somos todos palma acá. ¡422!. ¡Me las pegan luego con Oxi-glue! ¡Santísima seguridad social!
Y el juego es de un lado a otro, de placa en placa, con las cicatrices aburridas, silbando boludeces... acá, acá y acá, y ahora también acá y a la otra cola de allá. Sonados caras de taxidermistas esperan, fríos como pinochos lunares, hablando nonadas en colas de otras colas...¡no se inmolan ni siquiera por Cristo! ¿ Y qué pasa con Alá, el compasivo y misericordioso? ¡Herejes! ¡Perros infieles!
—Pura Basofia. El imbécil de Cristo que se ponga en la fila y el bueno de Alá que se meta su Yihad por el culo. Esto ya es un incendio... y si escucho de nuevo ese tañido electrónico quizás me vuelva loco y mi cerebro decore el lugar de gris y suelte una ráfaga de protones por todo el maldito recinto —el famoso plan b, nunca falla—. Mientras, la vigi estampa ganchos con la lengua, con sigilo, escupiendo tinta de acá para allá y de allá para acá. Los demás saltan como cabras famélicas de mostrador de formica, siguiendo la pluma, aburridas como un viejo réloj de cuerda...
— ¡Todos a ver esa cara de piedra! ¡Whisky!. Adelante los santos azules, ceniza en la córnea de nuevo. Listo, 5 horas. A olvidarse del puto asunto y a ungir las tetas con los críos prendidos shup con aceite de sistema, ¡Dios Santo que viva la procreación! ¡Boianovskyfiquemos! Bienvenidas ovejitas, a cagar papeles hasta arrugarse...y más allá! ¡Un poquitín más también!

martes, 27 de octubre de 2009

Samba


Este me tiene. No se va a mover hasta que me dé. Sí, está ahí; casi puedo escuchar su respiración, riéndose entre dientes, porque sabe que me tiene y quiere jugar conmigo como si fuera un animal, esperando a que asome a la cabeza para meterme la muerte entre las cejas.

¿Cómo hacen para aparecer así estos maricones? ¡Son como fantasmas! Así de ganas tienen de vernos bien muertos. Ni los barriletes los ven cuando asoman el hocico como un rayo, y entonces mejor estar despierto o te volviste un cadáver decorando los pasillos de la favela. Uno más para la colección del barrio, como Biroca.

Pobre Biroca, lo abatieron feo, lo dejaron hecho un colador. Pintaste todo el suelo de escarlata, eh Biroca. Te liquidaron igual que como me dijiste que iba a pasar alguna vez. Y yo nunca te creí y ahora estamos los dos acá, jodidos. Porque este no me va a dejar hasta que me vea muerto, como vos.

Porque para eso vino, para llevarnos a los dos, Biroca. Y de verdad que me tiene acorralado. Sabe que fuí yo el que le dí aquella vez y me quiere ajusticiar. No lo maté porque llevaba puesto el chaleco y por eso al gato le queda todavía una vida más. Tendría que haberle abierto la cabeza como a una calabaza, pero me equivoqué y ahora estoy aquí, atrapado, sambando con mi enemigo al ritmo de las balas, sin escapatoria. Sabiendo que le herí el orgullo y eso es lo que más le enfurece.

Porque para él es como si ya lo hubiera matado, y por eso lo único que puede pensar es en ver mi cuerpo sin vida yaciendo en el piso. Por eso no me va a dejar ir. Ver a un negro flaco sin más ropas que unas bermudas y un par de ojotas, blandiendo una 9 frente a su cuerpo y disparándole a quemarropa, repitiendo la escena de su muerte una y otra vez en la película de su cabeza lo volvió loco. Alguien como él no puede permitirse pensar en otra cosa que no sea terminar con mi juego. Por eso sigue ahí, tirándome mientras sigo escuchando las balas que rebotan a mi lado, dispuesto a llevarme en una mortaja de la manera que sea.

¿Pero por qué no se mueve? Si sabe que me queda una bala sola. O quizás no, o no quiere arriesgarse. Quizás este negro le da un poco de miedo, o al menos está siendo cauteloso, porque sabe que aunque haya sido solo por un momento, tuve su vida colgando de mi gatillo.

Pero ahora me tiene, carajo. Me tiene y no me deja salir. Y no hay un solo lugar a donde correr. Sería el suicidio salir hacia campo abierto, le estaría dando una razón para que me fusile. Pero ya no sé hace cuanto tiempo que estoy aquí, con los balazos rozándome la piel, acercándome más a Biroca en cada disparo. Pueden haber pasado días ya, años tal vez. Y yo sigo aquí, al igual que mi pareja de baile, esperando los dos el momento justo, sin movernos un centímetro.

¿Por qué no me liquida? ¿Qué estará esperando? Puede que esté aguardando a que vuelvan los refuerzos que subieron hacia el morro a buscar al Cherife. Si es así, puedo darme por muerto. ¡Maldita sea, si tuviera un par de balas más al menos me llevaría alguno conmigo! Pero no creo que esté esperando a nadie. No, esto es personal. Es entre él y yo, nadie más; así quiere él que sea. Quiere darse ese placer, mirarme a los ojos antes de disparar y ver mis sesos desparramados por todo el lugar, hacerme saber que tiene mi vida en la palma de su mano.

Carajo, necesito algo para esnifar, necesito estar bien despierto. Por suerte tengo la bolsa que iba a venderle a Hermildo; no creo que él vuelva a meterse nada por la nariz nunca más. Escuché su grito cuando lo alcanzó el plomo mientras se dirigía a refugiarse cuando ellos llegaron. Fue demasiado tarde. Y tarde, por estos lados, significa una sola cosa.

Así de cercana está la muerte para nosotros: uno escucha el alarido del que fue alcanzado por alguna ráfaga y ya sabe de quién se trata. Es un sonido tan particular que a veces asusta. No puede tratarse de otra persona que no sea la que fue ejecutada, es como si uno cantara su funesta canción de su despedida.

Y ahora siento que ha llegado mi turno de cantar o hacer que mi enemigo lo haga. No tengo más opciones, no tengo más remedio: una bala y dos canciones. De nada más vale la espera, es el momento. A todo o nada, como lo ha sido siempre, con la sangre inquieta en las venas.

Aprieto la pistola y me arrimo un poco más al borde. Siento mi respiración pesada e intento calmarla; puede oír los latidos de mi corazón. Una gota de sudor cae pesada desde mi cien, bajando por mi mejilla para caer en el asfalto y rajarlo; tengo mis ojos abiertos como dos persianas, atentos a lo que se viene, listos para brillarle a la muerte una vez más. Despejo mi cabeza para poder ver lo que me espera al asomarme desnudo ante mi verdugo o mi victima; siempre fue lo más importante para mí. Me acerco por última vez al borde, lo más cercano posible al vacio. Estoy listo, no tengo miedo. Ahí voy, una vez más, a buscar lo que me pertenece....

Bang.